Todas las empresas en crecimiento pasan por diferentes etapas de madurez.   Mientras más joven es la empresa más reflejará el liderazgo de su jefe.   Si la empresa  además es   exitosa,  su gestión comercial  se caracterizará por ser  enérgica,  innovadora, independiente e informal.   Por otro lado, estas empresas son bien jerárquicas en el sentido que el poder fluye del jefe, amo y señor de todo el  trabajo que se realiza.  Estas mismas características de la empresa y su líder- que la llevaron al éxito que disfruta en la actualidad- generalmente son  un impedimento para su crecimiento y desarrollo.  Los mejores líderes de estas empresas son aquellos que  descubren rápidamente  que para seguir creciendo en el mercado hace falta nuevos estilos de gerencia y administración.

El líder que lo resolvía todo con absoluto control  ha creado dependencia y no impulsa la formación de otros líderes necesarios para  manejar los recursos humanos y las actividades productivas de la empresa. La agilidad e informalidad que le permitió a la empresa ser  competitiva en el mercado ahora puede que cause problemas pues no hay controles o presupuestos.   A medida que la gestión comercial  aumenta, se complican  los procesos internos y la gestión  de los recursos humanos.  Igualmente aumentan  las transacciones de contabilidad y el riesgo económico de la gestión comercial es mayor.

Las destrezas sociales  que nos funcionaron en la secundaria no son las que nos  ayudarán a destacarnos en  un ambiente de personas maduras.  Igualmente las destrezas del ejecutivo- de las cuales se valió para impulsar su empresa-  no necesariamente deben ser  empleadas con la misma intensidad.  Por ejemplo, al ser  auto-suficientes  queremos  hacerlo todo  y  para asegurarnos que se hagan bien las cosas no delegamos.  Mantenemos el control y ‘micro-dirigimos’ la empresa.

Cuando la empresa adquiere cierto tamaño y hay otras personas con poder involucradas en la gestión económica, el líder corre el riesgo de aislarse y  ver su liderazgo fragmentado.  Si  no logra hacer la transición de una empresa adolescente a una madura y más estable,  el resto del equipo cuestionará la capacidad  del líder  para evolucionar  y llevar la empresa al próximo nivel.  Ejecutivos que no logran captar esta situación corren el riesgo de  perder su trabajo. Claro, si la empresa es propiedad exclusiva del emprendedor, entonces no será despedido pero  la empresa se estancará y  decaerá.

El primer paso para  hacer la transición de un líder de empresa joven a madura es realizar la necesidad del cambio. Se trata de realizar  que si seguimos pensando y haciendo  lo mismo de siempre, los resultado serán similares.   Este paso requiere que el ejecutivo  haga una evaluación honesta de sí mismo y de la empresa.   Esto incluye obtener la opinión  de colegas y subordinados sobre cómo está la gestión comercial y la del líder; un asunto delicado pero necesario  si las relaciones están laceradas.  Esto es importante porque todos tenemos un lado ciego.  Somos muy buenos encontrando faltas en los demás pero muy pobres a la hora de ver las nuestras.  De manera que la opinión de otros nos ayudara a conocer cosas de nosotros que otros saben pero que nosotros desconocemos.  Para esto los coaches ejecutivos pueden proveer  un sistema  personalizado para lograr cambio positivo.

Una vez  empezamos a ver  la situación actual del líder y la empresa podemos  empezar a ver las áreas de oportunidad y cambio.   Esto no se trata de buscar faltas.  La idea es hacer una evaluación honesta de los resultados actuales.  También es una buena oportunidad para repasar las fortalezas de la empresa y su liderazgo y ver cuáles de estas nos van a seguir impulsando hacia el futuro.


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